Concierto para piano y orquesta Nro.1 en Mi bemol de F.Liszt

Ciudad de Paraná - Entre Ríos - Argentina

Sábado 20 de agosto 2002 - Actuación como solista en el Concierto para piano y orquesta Nro.1 en Mi bemol de F.Liszt - Teatro "3 de Febrero" de la Ciudad de Paraná - Orquesta Sinfónica Provincial de Entre Ríos - Director: Reynaldo Zemba

Carlos Marín - El Diario - Paraná

Antognazzi ofreció una muestra de seguridad y madurez interpretativa

Aldo Antognazi en Paran

Cuatro años pasaron desde que el público local había escuchado por última vez al maestro Aldo Antognazzi. La espera se prolongó hasta el sábado, cuando una vez más, gracias al esfuerzo de la Asociación Mariano Moreno, los paranaenses pudieron disfrutar de la técnica y el talento de este destacado instrumentista.

Antognazzi retornó para dejar claro, ante quien quiera escucharlo, que mantiene en alto las condiciones que lo llevaron de ser un músico precoz (ofreció su primer concierto a la edad de 11 años) a obtener el reconocimiento de la crítica y las audiencias más exigentes en el mundo.

El sábado, este solista que prestigia a la cultura argentina eligió para su vuelta el Concierto Nº1 para piano y orquesta de Franz Liszt, "que es el que he preparado para interpretar este año", explicó en una nota previa a EL DIARIO.

Y no se equivocó. Durante los tres movimientos de la obra, el maestro conquistó el favor de la platea y su aplauso. No fue tarea sencilla. Sobre todo si se toman en cuenta las marchas y contramarchas y las mil y una peripecias -ajenas a su voluntad- que debió sortear Antognazzi para poder presentarse.

Sin embargo, ese pesado lastre para alguien no preparado, no tienen por qué hacer mella en el espíritu y el trabajo de un profesional. Y una vez en acción, las angustias, las esperas y el escaso ensayo quedaron atrás para dar paso a la excelencia del solista.

Exaltación e introspección

Desde el inicio mismo del Allegro Maestoso, un movimiento que alterna momentos de exaltación con otros de introspección, el diálogo entre el piano y la orquesta transcurrió por un planteo sólido y asentado. Metales y cuerdas reforzaron los climas, en el que Antognazzi dio cuenta de un toque vigoroso y fluidez en la digitación, con vertiginosos ascensos y descensos por el teclado.

El abrupto final de ese movimiento, con el ajuste debido, fue una señal de la complementación lograda entre solista y director, que, vale recordarlo, habían presentado este concierto hace unos meses en Rosario.

El carácter más introspectivo del segundo movimiento (Quasi adagio. Allegro vivace. Allegro Animato) permitió dar mayor margen a la expresividad, con frases perfectamente claras. En este punto, el acento puesto en la digitación de la mano derecha no hizo perder a Antognazzi la necesaria referencia en el uso de la mano izquierda, que no quedó ausente.

Las escalas (tanto melódicas como acórdicas) que precedieron al Allegro Marziale Animato del final, dieron testimonio de la seguridad en el fraseo y la solvencia técnica del instrumentista, que usó del pedal con mesura y corrección.

Sonido culto

Sin dudas, fue una noche de lujo. En particular por esta versión del No.1 de Liszt, interpretada de un modo contundente. El sonido de Antognazzi es un sonido culto, lleno de grandeza en los fortes y, en el pianísimo, como de perlas que caen, muy ordenadamente, sobre el mármol. 

La interpretación consiguió que el público aplaudiera acaloradamente hasta lograr -luego de que el artista saludara tres veces- una pieza más. Entonces, Antognazzi regaló una pieza de inocultable caracter romántico, también de Liszt, que resultó una novedad para la audiencia.

El programa se completó con la obertura de la Opera "L´italiana in Algeri", de Gioachino Rossini. Una obra bien elegida para iniciar la velada ya que su carácter le permitió predisponer los espíritus para lo que vendría. En el cierre la Sinfonía Nº2 en Re mayor, Op. 73, de Johannes Brahms, fue una dignísima conclusión para el ciclo de conciertos que, como invitado, dirigió el maestro Juan Rodríguez.

Fueron cuatro encuentros en los que el actual titular director de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario subió al podio para empuñar la batuta. Y dejar, como resultado, una excelente impresión de su paso al frente del organismo entrerriano. Un ciclo con espontaneidad y frescura que permitió al oyente apreciar en todo su esplendor la sonoridad clásica del gran repertorio romántico, en este caso, de piano.